El seudónimo: el arma de las mujeres en la literatura

“(…) La publicidad en las mujeres es detestable. La anonimidad corre por sus venas. El deseo de ir veladas todavía las posee.”

“Un Cuarto Propio” de Virgina Woolf

Hay mujeres que deciden cambiar el mundo, pero sin llamar la atención. Saben muy bien porque han leído mucho qué sucede con las mujeres que rompen las reglas. Saben que aunque ya no se nos queme en las hogueras, las cosas no cambiaron mucho, solo cambiaron las formas en que se nos mata.

Hay muchas maneras de acabar con la creación y abortar las ideas femeninas en un mundo sistematizado para facilitar el trámite. El seudónimo es una tradición de muchísimo valor para las mujeres que nos permitió tener una voz. Es hora de cuestionarlo, debatirlo y utilizarlo como nuestra mejor arma.

Así como hay algunas que buscaron esconderse y pagar el precio de vivir con una máscara eterna, hay otras que usaron el seudónimo como una espada, no ocultaban su identidad, no era la idea. En su interior, sabían que era el comienzo de una guerra que se estaba tramando en silencio y se estaba ganando. No es común que una mujer gane sin ser juzgada antes, pero al ser anónimas a veces logramos resultados totalmente inesperados.

Imagínense una mujer que ha sido rechazada en innumerables ocasiones de todas las formas posibles y de repente se levanta una mañana con la noticia de que las personas están leyendo su obra. Ahí se da cuenta que en verdad no era tan mala, ni mucho menos, era demasiado peligrosa para los hombres por el poder de sus palabras.

¿Qué habrán sentido estas mujeres? Miedo, bronca, cansancio, superación, poder, tal vez impotencia. Se despertaron en esta realidad demasiado abrumadora y con un arma en las manos que nadie le había enseñado a usar en sus circunstancias. Sabían perfectamente que esas palabras si no tenían cuidado terminarían por apuntar hacia ellas y ponerlas en el foco de toda la humanidad ¿Cuánto habrán protegido su identidad hasta no aguantarlo más?

A veces para mostrar la brecha hay que atacar desde adentro. El seudónimo permite que se le de un lugar a una mujer sin que se la juzgue y pone en juicio a toda la sociedad literaria. El anonimato permite cierta libertad, que se desubique y sea honesta sin personas que la contradigan o la anulen en el camino por adelantado. Te permite cierto orgullo y poder que las mujeres solo sueñan pero que no logran jamás en la mayoría de los casos.

El peor machismo siempre será el que se encuentra en nuestro inconsciente, en especial, en la mente femenina. Esas ideas de servir y agradar a otros que se nos graban desde niñas en nuestras cabecitas. Es esa fuerza autosaboteadora y destructiva que produce que las mejores mentes terminen enloquecidas, es una idea peligrosa que se nos transmite de generación en generación y nos termina llevando a una calle sin salida.

Un seudónimo no es un nombre al azar. Representa esa lucha en silencio y ese intento desenfrenado por las mujeres de tapar el sol que las ilumina desde adentro solo para gustar a otros y no ser criticadas. La mayor parte de nuestra historia que nos llega fue una lucha eterna e inútil de mujeres inteligentes que se mataban por ocultar lo inevitable, matar las ideas, evitar ser reconocidas en público, tratar de que no se note el arte que las devoraba por dentro.

Pero hubo otras, las más valientes o simplemente las que ya no tenían nada que perder, que pelearon de frente. Pusieron ahí fuera su rostro, su nombre, su apellido y se tragaron las consecuencias. Todavía se cuentan sus historias románticamente como si su locura o muerte le diera más valor a su obra. Las mujeres cuerdas o inteligentes no parecen gustar, solo se aceptan las locas suicidas, siempre y cuando estén ya muertas o mínimamente contenidas.

Pero por mucho que se esfuercen, a lo largo de los años, sus palabras siguen creando magia. Se siguen leyendo. Por mucho que reproduzcan esas historias donde comentan lo locas que estaban, las ideas suicidas y su reputación amorosa, ellas siguen escribiendo cada vez que las leemos con cordura y recitamos sus verdaderos nombres en voz alta. Depende de cada uno, incluirlas como parte fundamental de la historia de la humanidad. Ellas ya son historia en si mismas. Si quieren leer más sobre esto es imperdible leer la entrada del blog de “Cuatrojos Con Rimmel” que habla sobre los suicidios de tres escritoras que han sido similares y en las mismas épocas “Los suicidios de Virginia Woolf y Alfonsina Storni

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