Capítulo 3

Se suponía que no debíamos estar en Epecuén, ninguno de nosotros debía estar ahí.

Era una zona prohibida. Me escondí antes de tomar una decisión de qué hacer al respecto. Ambos eramos culpables. Sin embargo, era como si ya estuviéramos destinados a cruzarnos por pura matemática y coincidencia exacta.